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sábado, 14 de octubre de 2017

Liberarse

Ante todo, no soy psicóloga ni pretendo serlo, esto es simplemente una reflexión por cosas que he ido viendo y que hace tiempo me ronda por la mente. Tampoco quiero ofender a nadie, ni decirle como tiene que pensar o hacer las cosas, es sólo que creo que algunas maneras de plantearse las cosas hacen daño y otras no.

No sabía como llamar la entrada, y creo que al final liberarse ha sido porque ciertas maneras de pensar y ciertos pensamientos nos atan y nos esclavizan. Ciertas creencias nos cortan las alas o se las entregan a otros.

Y es que veo que a veces, nos planteamos las cosas de tal manera que sufrimos por ello, cuando otro planteamiento distinto nos ayuda igual a conseguir nuestros objetivos pero sin sufrir. O sufriendo mucho menos.

El sufrimiento forma parte de la vida; no vamos a evitarlo "preparándonos para lo peor". Todo lo contrario, nos vamos a sentir mal cuando "lo peor" llegue y mientras esperamos, porque pensar en lo peor nos hace sentir mal. Hay que contemplar todas las posibilidades que puedan salir y mantener la esperanza, siendo conscientes de que puede salir mal, no olvidando que puede no conseguirse lo que queremos, o que las noticias pueden ser las peores. Hay gente que piensa que estar preparado para lo peor hace que uno esté en tensión y se esfuerce más, y que además el "palo" sea menor porque te lo esperas. Sí, puede ser, pero a ese "palo" reducido porque te lo esperas hay que añadirle la angustia de esperarlo.

Y el como pensemos mientras luchamos por un objetivo influye mucho en sufrir más o menos. No es lo mismo pensar: si no consigo lo que quiero la vida ya no será igual, ya no seré feliz, a pensar: si consigo lo que quiero bien, pero si no lo consigo bien también porque hay otras cosas en mi vida, otros objetivos que alcanzar, otras vivencias.

Por supuesto, cada uno es libre de pensar lo que quiera y como quiera, de entregar sus alas, dejar que se las corten o cortarlas por su mano. De ponerse las cadenas que desee y como desee. De sufrir si así gusta.

Pero si no se quiere sufrir, todas las maneras de pensar no sirven a ese propósito, ni todos los planteamientos, ni todas las creencias. No se puede ser libre y llevar cadenas al mismo tiempo. No nos podemos presionar a nosotros mismos y a la misma vez estar relajados y felices pensando en que puede que no se alcance el objetivo deseado. Porque muchas veces, centrados única y exclusivamente en ese deseo, con el ánimo de conseguirlo, de esforzarnos lo suficiente, nos perdemos otras cosas que también nos hacen felices, que también nos llenan, porque dejan de llenarnos, o porque dejamos de prestarles atención.

A veces pensamos que necesitamos eso, y yo me pregunto, si no será sólo un gran deseo que nuestra mente nos hace creer que es una necesidad para que nos esforcemos más. Que quizá nos hace creer que el cuerpo nos lo pide, pero en realidad no es así. Es una duda que tengo y a la que no encuentro solución.

Sé que puedo estar equivocándome, pero es que tengo la sensación de que realmente algunas maneras de pensar y de plantearse las cosas hacen daño, de que otras son más liberadoras, de que a veces hay que cambiar la manera de pensar y de plantearse las cosas. Cambiar las creencias. Incluso cambiar nosotros mismos.

Quizá es que a veces nuestros deseos nos superan. ¿Será que nos esclavizan? ¿Será que nos hacen confundir gran deseo con necesidad? ¿Será que nos nublan la razón de algún modo? También estas preguntas están sin respuesta, y temo que nunca la haya.

¿Y si nos creamos necesidades que no son tales? Influidos por elementos externos, o quizá por nosotros mismos. Cosas que nos gustan tanto que creemos que las necesitamos. Quizá inconscientemente creemos que las necesitamos para ser felices.

Quizá, son los sentimientos, obligados a veces. Hay que querer a la familia porque es la familia, aunque nos hagan daño. Hay que hacer lo que ellos nos dictan, queramos o no, nos venga bien o no. Hay que hacer lo que se espera de nosotros, precisamente por eso, porque es lo que se espera, y nos enseñan que otra cosa sería incorrecta. Y que no se puede pensar de manera diferente.
¿Serán las dudas que eso nos crea lo que nos hace daño, o eso mismo, tener que pensar como los demás?

¿Y si es que les damos demasiada importancia a algunas cosas, que quizá no tengan tanta, o que se le puede quitar importancia? Hay cosas que cuanta más importancia se les dé peor nos sienta que no estén en su sitio, o que no salgan como creemos que tiene que salir, o que simplemente no salgan. Y no es que tengan esa importancia, sino que se la hemos dado; son cosas que sólo tienen la importancia que se les dé.

Por supuesto, cada uno puede seguir pensando como quiera, aceptar que no todas las formas de pensar conllevan felicidad o no aceptarlo, pero no aceptarlo no cambia el hecho de que es así. A veces, cerramos los ojos a cosas que no queremos ver, porque nos da miedo el cambio, porque tememos la solitaria transición que hay de una etapa a otra, porque pensamos que en esa transición vamos a sufrir más aún. ¿Y luego qué? ¿Si dejo ir esto qué? ¿Si me quedo sólo/a qué? Dan mucho miedo, y podemos quedarnos como estamos para no sentir ese miedo, pero esas cosas siguen siendo como son, y esos cambios siguen siendo necesarios. Dejarse paralizar por el miedo no es una opción aunque lo parezca, y mucho menos una solución.

Por eso lo de liberarse, porque al dejar ir algunas cosas, o al cambiarlas en su forma o contenido nos liberamos de pesadas cargas, de cadenas que nos oprimen.

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