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martes, 10 de febrero de 2015

Mis hijos literarios

Son esos personajes que resultan especiales, que sientes más que a otros, que tienes tan claros como tu propio ser o casi.

Yo tengo "la parejita", niño y niña, Niarok y Whiralais. También está Azareel, pero... no es lo mismo.

Hay otros a los que les tengo cariño y me gustan mucho... pero no como ellos.

Él nació porque quiero justicia, ella es mi parte más agresiva. Escribiendo su historia me descargo. Escribiendo la de él plasmo la manera en que creo que son los de su raza (Su secreto). 

Ella nació primero, pero tuve que reescribirla. Gracias a una crítica con la que vi muchos errores de los que no era consciente, aparecieron nuevas ideas y su personaje creció de manera increíble. Reescribí su historia pero no fue pesado en ningún momento, sino gratificante.

Aún estoy reescribiéndola y corrigiendo la de su "hermano". Pronto estarán terminadas y verán la luz de una manera u otra.

Desde Kravendark y Siarkele os saludan.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Incomprensión

Ponerte en su lugar no es arrancarte tu piel, es cubrirte de otra y sentir diferente.

No comprender es desgarrarle su piel, y su corazón.

Duele que nadie entienda como te sientes, por qué haces o dices, o porque te detienes y callas.

Y que esa persona no pueda entender.

Cuando no te comprenden sientes que no llegas a esa persona, que se aleja de ti y te preguntas, si es involuntario o su deseo, y temes, que al extender tu mano y no llegar hasta la suya, el lazo que os une se rompa.

¿Y si es para siempre? ¿Y si no quiere entender?
¿Qué queda entonces, del amor, de la amistad, del sueño compartido?

Durante un segundo se siente la rotura, del corazón. y el temor nos dice que ese lazo se ha roto, o se está rompiendo, y las lágrimas arañan la herida.

Se siente la distancia, la separación; un abismo aparece ante nosotros, y, sin dar un solo paso, caemos.

La comprensión es la mano que detiene esa caída, la incomprensión, la que nos arroja.

Desde el fondo gritamos socorro, creyendo que quizá así esa persona nos va a entender. Y allí, en el silencio y la oscuridad entendemos que solo nosotros podemos comprendernos. Solo aceptando eso podemos volver a subir otra vez.

Y dejamos de buscar, la comprensión de otros. Y cuando alcanzamos la nuestra por fin, la paz.

martes, 3 de febrero de 2015

Enfocarse

Ahora que ya por fin he roto el dichoso bloqueo, quiero enfocarme bien.

Meditar sobre mis fallos y debilidades, y combatirlos a conciencia.

No quiero hacer como esos creativos y artistas que, en lugar de dar clases para mejorar aquello en lo que fallan, se dedican a su imagen o a la de sus portadas, cosas que pueden esperar.

Son muchos, gente que, por su juventud o inexperiencia, no hacen lo que tienen que hacer y creen que una buena apariencia es mejor que la creación en sí. Y no, ni lo es ni es suficiente para que valoren su trabajo.

Tampoco tienen a nadie que les diga que están fallando, y si todo el mundo alaba lo que hacen... es muy fácil creer que lo estás haciendo bien.

Hay que cuidar cada detalle de la obra, del interior, antes que del exterior. El contenido es lo más importante, pulir al máximo los fallos, darle consistencia, congruencia, realismo, además de belleza.

Hay que enfocarse en lo esencial, en lo verdaderamente importante, que es el interior de la obra. Los adornos, si el interior no es bueno,más que adornar, afean.

Sólo un euro más

Bah, solo es un euro más.
¿Cuántas veces hemos podido oír eso? Y es que, a primera vista, es solo eso.
Tendemos a pensar en las cosas individualmente, en que son demasiado pequeñas para que se noten o signifiquen algo. Y en nosotros mismos como personas aisladas en un mundo muy grande.
Porque yo gaste un poco, no pasa nada. 
Pongamos un ejemplo. Un grifo que gotea toda la noche durante varios días, hasta que uno de los dueños de la casa se da cuenta del fallo. Pongamos que eso supone un euro más en la factura del agua de ese mes.
Lo mismo, bah, solo un euro.
Lo decimos porque se nos olvida que no somos los únicos que tienen grifos que se estropean, que se dejan abiertos sin querer y  muchos ejemplos más que solo son un euro.
Uno para nosotros, y muchos para la compañía sumistradora de agua. O de electricidad. O de gas. O cualquier compañía de suministros públicos.
Si a cien mil personas les gotea el grifo durante varias noches, son cien mil euros que se llevan esas compañías que ya nos estafan con sus tarifas desorbitadas y sus subidas descaradas.
Por ti y por todos, ni un euro de más.

domingo, 1 de febrero de 2015

Jardiel. La risa inteligente

Una de las cosas más innegablemente placenteras es descubrir o asomarse a la vida del otro y si eseotro es uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, capaz de arrancarte una carcajada y una lágrima al mismo tiempo, el morbo se convierte en arte.
No es precisamente eso lo que busca Enrique Gallud Jardiel con la publicación de Jardiel. La risa inteligente, una nueva, pero más completa, aproximación de la vida del escritor cómico Jardiel Poncela.
Naturalmente, no es lo primero que se escribe sobre Jardiel Poncela (ni será lo último) pero sí es cierto que hay algo fundacional en este libro difícil de catalogar, un antes y un después en la vida del controvertido, multifacético y talentoso escritor madrileño. En Jardiel. La risa inteligente (Editorial Doce Robles), Enrique Gallud no se propone una mera biografía, una hipérbole de su obra y de su figura, sino que va más allá: ha llenado, curiosamente, la obra con una gran cantidad de citas originales del propio Jardiel, que funcionan como una especie de antología post mortem de Jardiel, muy amena y divertida.
Leer Jardiel. La risa inteligente es como leer a Jardiel, redescubrirlo con su propia voz, en este,nuestro tiempo, en que la risa también es enormemente necesaria.
Para ser profesionales, deberíamos decir que Jardiel. La risa inteligente es, en términos más o menos estrictos, un ensayo que recoge los detalles menos conocidos de la vida de Jardiel (y su de su obra) pero ―me atrevo― esa información funciona casi como un disparador para detenerse, como si fueran estaciones de paso, en esos trabajos que iluminaron la tristeza de su época. En este sentido ―y aunque su autor no se anime a tanto― Jardiel siempre ha funcionado como la consciencia risueña de una España color ala de mosca, que avanzó hacia el futuro arrastrando algunas de las características más conservadores de una sociedad cerrada a los cambios. Jardiel, repito, fue la luz de esa sociedad, la contracara, el blanco sobre el gris, un hombre que, hasta el último momento de su vida, fue golpeado por la vida y ni siquiera entonces perdió su lucidez.
Puedo ―y tal vez deba― decir muchas cosas de Jardiel. La risa inteligente y sin embargo, simplemente festejo, casi como una declaración de principios, que el autor haya rescatado el espíritu íntegro de su abuelo, que Jardiel. La risa inteligente sea una itinerante prolongación de historias, anécdotas, citas y análisis literarios ―brillantes― que logran rememorar el talento y la humanidad del Gran Jardiel de tal manera que el lector se siente levitar, involuntariamente, con una sonrisa en los labios.
Por supuesto que hay más, mucho más. El libro también retoma otros aspectos menos difundidos, como sus muchas y variadas aportaciones al cine, el drama, la novela, etc.
Por último, se me ocurre que la presentación de este libro, lejos de ser una charla entre el escritor y sus lectores, debería ser una fiesta entre amigos, con tarta, alcohol y en el centro de la escena, se celebre, no solo la inmensa figura de Jardiel Poncela, sino la de su nieto y la del editor de Jardiel. La risa inteligente que, pese al humo de tanta mediocridad literaria, se siguen empeñando en hacer de este país un lugar hermoso.
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