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domingo, 18 de octubre de 2015

Ser madre

De vez en cuando oigo o leo a alguien que dice que madre es la que pare. Que si no se ha parido no se es madre, que quien adopta no lo es.

Y yo pregunto, si esa mujer que da a luz, luego abandona a su hijo/a o lo maltrata, o lo desprecia, o antepone a cualquier persona a esa criatura (las hay, en serio), ¿sigue siendo madre? Claro, como ha parido...

Para esa gente, solo con parir ya es suficiente. No importa que luego esa "madre" maltrate a su hijo o hijos de alguna forma, ya ha parido y con eso basta. Aunque lo abandone, será madre para el resto de su vida.

Ahora bien, adoptar y tratar a tu hijo/ como si fuera lo más hermoso de la creación, enseñarle valores, a defenderse y valerse por sí mismo//a, procurarle un futuro a todos los niveles (no sólo económico) para cuando quien los adoptado ya no esté, eso no es ni ser madre ni ser padre, eso no es válido. Al menos es lo que indican más de uno con ese tono autosuficiente que nos deja a los demás como si fuéramos tontos de remate y solo ellos tuvieran la verdad absoluta.

Todavía no entiendo como hay gente tan simple y tan ciega, tan cerril como para pensar así, como para llamar padres a ciertos especímenes que andan por ahí sueltos, maltratando a sus hijos de múltiples formas (el maltrato físico no es el único), abusando de su supuesto poder como padres, y que luego digan que dos personas que han adoptado a un niño y lo traten como de su sangre no son padres. Y también dirán que el ser humano ha evolucionado...


jueves, 9 de abril de 2015

El surco es el alma del vinilo de Rafael Orihuel

La música es el idioma universal por excelencia, es el medio de comunicación a través de los sonidos, y como todo idioma se lee, se escribe y se habla. La historia de la literatura está plagada de libros sobre música y la música, invariablemente, se nutre de historias y de poesías, lo cual, inconscientemente, sitúa a cada disciplina en espacios distintos: se escribede para la música desde un ámbito de creación concreto.
Sin embargo, son pocos quienes atraviesan ese determinismo y son capaces de situar a ambas disciplinas en un mismo plano de creación: escribo con música y esa relación dialéctica determina mi forma de escritura, algo así como un artefacto que funciona como una máquina de producir sensaciones diversas. Para que Ud. entienda de lo que estoy hablando, realice el siguiente experimento: observe detenidamente y en silencio una foto de su infancia y a continuación (deje pasar dos horas) haga lo mismo pero con un disco deAla Voronkova interpretando a Chaikovski sonando de fondo: el efecto de la foto se potenciará y junto al recuerdo experimentará, tal vez, felicidad, nostalgia, tristeza o alegría o todas esas sensaciones al mismo tiempo. Sí, no es nuevo: la música es un potenciador increíble.
Lo que sí es nuevo, o cuanto menos imposible, es escribir con tinta de música, es decir que cada línea de cada historia rezuma el ritmo y la precisión de un acorde y que además, ese acorde, nos meta en la cabeza a Dylan, a los Rolling Stones, a Rapahel, a King Crimson y a tantos más. Eso es exactamente lo que se experimenta al leer El surco es el alma del vinilodel experimentado y multipremiado Rafael Orihuel, un prodigio de la literatura que se sucede a lo largo de cada uno de los siete cuentos del libro.
El surco es el alma del vinilo es, como dije, una colección de relatos pero a la vez un homenaje al disco de vinilo, y a esa forma de la memoria que representa la música. Tal es así que los textos se organizan como en un LP: siete narraciones en total, cuatro en la cara A y tres en la B. Y en este sentido, cada cuento alude a una canción en concreto, de forma que la música actúa transversalmente, como un soplo en el oído a través de las historias que aparecen enmarcadas en distintas formas y ámbitos: en vivo sobre un escenario, escuchada a través de los auriculares por una enfermera en la sala de urgencias de un hospital mientras agoniza una estrella del rock olvidada; hurgando en la memoria al toparse en una encantadora librería inglesa con el batería de los Stones adquiriendo un libro de floricultura; atronando a altas horas de la madrugada desde el piso de arriba donde intentan tranquilizar con Raphael a un niño deficiente; transitando entre el lento y el rápido en una pista de baile, sonando solemne y cadenciosa en una ceremonia fúnebre; susurrando emociones y planteando preguntas vitales.
Las siete historias componen un crisol permanente, un eco de silencio en medio del grito y la música, puesto que, de alguna forma, todos las historias hablan de las distintas formas de soledad que son una y siempre están, aunque nos esforcemos, en el centro de nuestra cabeza para recordarnos que la música es la mejor compañía del hombre. Lo dicho: una máquina perfecta destinada a convertirse en un clásico que como aquella foto de nuestra infancia es capaz de movilizarnos profundamente, mientras suena un vinillo olvidado al compás de una historia llena de música.

EL SURCO ES EL ALMA DEL VINILO
El surco es el alma del vinilo
Editorial: Ediciones Oblicuas
206 Pág.15 x 21.6 cm

viernes, 27 de marzo de 2015

Guiarse por uno mismo

Llevo ya días recordando algo que me pasó hace tiempo.

Recuerdo que una persona de mi pasado se guiaba mucho, para mí demasiado, por lo que hacía y decía su padre.

No ha sido la única persona que he visto guiarse así. Por otro lado, yo hacía mucho que había visto que mis padres se equivocaban. Pese a tener muy poca edad, me di cuenta de que no eran infalibles.

Eso me llevó a pensar que los padres son personas como todo el mundo, con fallos y aciertos. Y me llevó a preguntarme si esas personas actuaban correctamente.

Tal vez me equivoque, pero creo que nadie debe guiarse por nadie más que por uno mismo. Se puede aprender de los demás, pero siempre hay que tener en cuenta, que incluso la familia falla a veces.

Cada persona en nuestra vida tiene un sitio, y no hay que anteponer ese sitio a ningún otro, sea el de quién sea. También sé de relaciones en las que uno de los dos se ha guiado antes por la pareja que por nadie y también han sido relaciones negativas.

Creo que a veces es la misma familia la que te engaña haciéndote creer que debes guiarte por ellos, para tener algún tipo de poder. Hay personas tan inseguras, o tan miserables, que necesitan pisotear a otros para sentirse bien. Y lo que tienen más a mano son sus hijos.

Recuerdo también que la madre de esta persona le daba la razón a su marido, "no fuera a ser que se marchara". Aquello hacía más daño aún si cabe. Además de que su padre engañaba a esta persona para tener poder, su madre respaldaba ese engaño, lo cual contribuía a obnubilar aún más la escasa mente de esta persona.

También he visto padres y madres que querían lo mejor para sus hijos, pero aun así me pregunto, ¿sigue siendo buena opción guiarse por los padres? Creo que no. Porque por muy bueno que sea un consejo, o por buena intención que lleve, puede no servir. Puede que no sea la solución, puede que esté equivocado aunque la persona que lo da desee con todo su corazón ayudar.

Lo único que se me ocurre es reflexionar sobre los consejos que nos dan, vengan de quien vengan.

miércoles, 18 de marzo de 2015

No es el momento del miedo

Ahora que se acercan las elecciones, estoy reflexionando acerca de ellas.

No estoy poniendo la televisión, ni escuchando la radio, ni leyendo periódico alguno. Y de la poca información que me llega, me creo menos de la mitad. No me fío de los medios de comunicación, me parecen manipulados.

No voy a decir a qué partido voy a votar ni a cual debe votar nadie. Eso es personal de cada uno.

Ningún partido es perfecto, unos son peores que otros, según para quien.

Pero sí voy a decir lo que creo que son las prioridades. Ahora mismo hay que cambiar el sistema actual; las cosas no pueden seguir como están. Hay que conseguir que se restablezca la sanidad, la educación y un sistema laboral que sea favorable tanto a empresas como a trabajadores, sin favorecer en demasía ni a unos ni a otros. Hay que favorecer la educación, pues con buena educación evitaremos que vuelva a darse otra "crisis" como esta.

Tal vez me equivoque, pero creo que no se consigue ninguna de estas cosas votando en blanco o a alguno de los partidos pequeños que tienen un buen programa electoral pero insuficiente número de seguidores. Ni tampoco el voto de castigo; ya nos ha salido mal anteriormente.

No nos paramos a reflexionar sobre la situación, y si lo hacemos miramos sólo desde nuestra perspectiva. Y creo que nos equivocamos en una cosa; en no buscar lo más justo para todos.

No es el momento de temer lo que puedan hacer mal otros partidos que comienzan a coger fuerza, es el momento de preocuparse por el daño que está haciendo el gobierno actual.

No es el momento de seguir engañándose con que al menos se tiene un trabajo, es el momento de pensar que cada vez se trabajará más por menos si permitimos que siga el sistema político actual, y de pensar que nuestros hijos y nietos trabajarán sólo por comida. Eso si no tienen que irse de aquí.

No es el momento de dejarse manipular por el miedo y las mentiras que nos asaltan cada día en los medios de comunicación. Es el momento de temer lo que pasará si seguimos aguantando a los que ya nos han robado y que nos están engañando ahora. Esos que nos mean en la cara y dicen que llueve.

Es el momento de dejar de lado frivolidades varias, de dejar de asustarnos porque nos vayan a quitar tal o cual cosa y centrarnos en lo que de verdad importa, preocuparnos de que cada vez más gente tiene que irse fuera para subsistir y cada vez con menos garantías. ¿Te preocupa que puedan quitar símbolos religiosos y no te preocupa que cada vez haya menos trabajo? ¿Te preocupa que puedan quitar festividades o tradiciones y no te preocupa que se recorte en sanidad y educación? Cuando los que están ahora arriba te quiten el trabajo a ver si la religión te da de comer. O cuando todos los hospitales sean privados y no tengas dinero para costearte un tratamiento, a ti o a tu familia, a ver si rezando te lo pagas. O te curas.

No es el momento de temer que si gana tal o cual partido este país se convertirá en otro peor. Es el momento de temer lo que ya es, una supuesta democracia que encubre abusos y robos.

Es el momento de luchar por salir de esta.


viernes, 6 de marzo de 2015

Aprender de Otros

"Nadie escarmienta por cabeza ajena"

No estoy del todo de acuerdo con ese refrán. Creo que es muy relativo.

Creo que hay que comprobar las cosas por uno mismo, pero no siempre, y que de los errores de otros se puede aprender. Creo que hay que observar y reflexionar un poco acerca de lo que se ve, al menos.

No todo el mundo hace lo mismo. Ni del mismo modo.

Últimamente he visto mucho eso de hacer las cosas de cualquier manera, cuidar la forma pero no el contenido o ni lo uno ni lo otro, de publicar sin revisar errores, de no prestar atención a las críticas o creérselas tranquilamente.

Ser creativo, o artista, es una responsabilidad, al menos cuando expones tus obras. Que no te dé vergüenza tocar tu música ante una sala llena de gente, que te dé vergüenza tocarla mal.

No sientas miedo de exponer tu cuento o relato en la red o ante una tertulia; teme las faltas que no has revisado, los errores que no hayas buscado. Teme tu dejadez y tu desidia.

No ignores las críticas que te señalan esos errores que no has visto. Detente y piensa, al menos un poco, en lo que te han dicho. Puede que ellos se equivoquen, pero también puede que te equivoques tú.

No te creas todas las alabanzas de otros; ellos también se equivocan... o lo hacen aposta para que te relajes, no examines tus obras, no aprendas y no mejores. y así estar siempre por encima de ti. Reírse de ti.

Aprender es crecer, no solo como artista sino también como persona.

martes, 10 de febrero de 2015

Mis hijos literarios

Son esos personajes que resultan especiales, que sientes más que a otros, que tienes tan claros como tu propio ser o casi.

Yo tengo "la parejita", niño y niña, Niarok y Whiralais. También está Azareel, pero... no es lo mismo.

Hay otros a los que les tengo cariño y me gustan mucho... pero no como ellos.

Él nació porque quiero justicia, ella es mi parte más agresiva. Escribiendo su historia me descargo. Escribiendo la de él plasmo la manera en que creo que son los de su raza (Su secreto). 

Ella nació primero, pero tuve que reescribirla. Gracias a una crítica con la que vi muchos errores de los que no era consciente, aparecieron nuevas ideas y su personaje creció de manera increíble. Reescribí su historia pero no fue pesado en ningún momento, sino gratificante.

Aún estoy reescribiéndola y corrigiendo la de su "hermano". Pronto estarán terminadas y verán la luz de una manera u otra.

Desde Kravendark y Siarkele os saludan.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Incomprensión

Ponerte en su lugar no es arrancarte tu piel, es cubrirte de otra y sentir diferente.

No comprender es desgarrarle su piel, y su corazón.

Duele que nadie entienda como te sientes, por qué haces o dices, o porque te detienes y callas.

Y que esa persona no pueda entender.

Cuando no te comprenden sientes que no llegas a esa persona, que se aleja de ti y te preguntas, si es involuntario o su deseo, y temes, que al extender tu mano y no llegar hasta la suya, el lazo que os une se rompa.

¿Y si es para siempre? ¿Y si no quiere entender?
¿Qué queda entonces, del amor, de la amistad, del sueño compartido?

Durante un segundo se siente la rotura, del corazón. y el temor nos dice que ese lazo se ha roto, o se está rompiendo, y las lágrimas arañan la herida.

Se siente la distancia, la separación; un abismo aparece ante nosotros, y, sin dar un solo paso, caemos.

La comprensión es la mano que detiene esa caída, la incomprensión, la que nos arroja.

Desde el fondo gritamos socorro, creyendo que quizá así esa persona nos va a entender. Y allí, en el silencio y la oscuridad entendemos que solo nosotros podemos comprendernos. Solo aceptando eso podemos volver a subir otra vez.

Y dejamos de buscar, la comprensión de otros. Y cuando alcanzamos la nuestra por fin, la paz.

martes, 3 de febrero de 2015

Enfocarse

Ahora que ya por fin he roto el dichoso bloqueo, quiero enfocarme bien.

Meditar sobre mis fallos y debilidades, y combatirlos a conciencia.

No quiero hacer como esos creativos y artistas que, en lugar de dar clases para mejorar aquello en lo que fallan, se dedican a su imagen o a la de sus portadas, cosas que pueden esperar.

Son muchos, gente que, por su juventud o inexperiencia, no hacen lo que tienen que hacer y creen que una buena apariencia es mejor que la creación en sí. Y no, ni lo es ni es suficiente para que valoren su trabajo.

Tampoco tienen a nadie que les diga que están fallando, y si todo el mundo alaba lo que hacen... es muy fácil creer que lo estás haciendo bien.

Hay que cuidar cada detalle de la obra, del interior, antes que del exterior. El contenido es lo más importante, pulir al máximo los fallos, darle consistencia, congruencia, realismo, además de belleza.

Hay que enfocarse en lo esencial, en lo verdaderamente importante, que es el interior de la obra. Los adornos, si el interior no es bueno,más que adornar, afean.

Sólo un euro más

Bah, solo es un euro más.
¿Cuántas veces hemos podido oír eso? Y es que, a primera vista, es solo eso.
Tendemos a pensar en las cosas individualmente, en que son demasiado pequeñas para que se noten o signifiquen algo. Y en nosotros mismos como personas aisladas en un mundo muy grande.
Porque yo gaste un poco, no pasa nada. 
Pongamos un ejemplo. Un grifo que gotea toda la noche durante varios días, hasta que uno de los dueños de la casa se da cuenta del fallo. Pongamos que eso supone un euro más en la factura del agua de ese mes.
Lo mismo, bah, solo un euro.
Lo decimos porque se nos olvida que no somos los únicos que tienen grifos que se estropean, que se dejan abiertos sin querer y  muchos ejemplos más que solo son un euro.
Uno para nosotros, y muchos para la compañía sumistradora de agua. O de electricidad. O de gas. O cualquier compañía de suministros públicos.
Si a cien mil personas les gotea el grifo durante varias noches, son cien mil euros que se llevan esas compañías que ya nos estafan con sus tarifas desorbitadas y sus subidas descaradas.
Por ti y por todos, ni un euro de más.

domingo, 1 de febrero de 2015

Jardiel. La risa inteligente

Una de las cosas más innegablemente placenteras es descubrir o asomarse a la vida del otro y si eseotro es uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, capaz de arrancarte una carcajada y una lágrima al mismo tiempo, el morbo se convierte en arte.
No es precisamente eso lo que busca Enrique Gallud Jardiel con la publicación de Jardiel. La risa inteligente, una nueva, pero más completa, aproximación de la vida del escritor cómico Jardiel Poncela.
Naturalmente, no es lo primero que se escribe sobre Jardiel Poncela (ni será lo último) pero sí es cierto que hay algo fundacional en este libro difícil de catalogar, un antes y un después en la vida del controvertido, multifacético y talentoso escritor madrileño. En Jardiel. La risa inteligente (Editorial Doce Robles), Enrique Gallud no se propone una mera biografía, una hipérbole de su obra y de su figura, sino que va más allá: ha llenado, curiosamente, la obra con una gran cantidad de citas originales del propio Jardiel, que funcionan como una especie de antología post mortem de Jardiel, muy amena y divertida.
Leer Jardiel. La risa inteligente es como leer a Jardiel, redescubrirlo con su propia voz, en este,nuestro tiempo, en que la risa también es enormemente necesaria.
Para ser profesionales, deberíamos decir que Jardiel. La risa inteligente es, en términos más o menos estrictos, un ensayo que recoge los detalles menos conocidos de la vida de Jardiel (y su de su obra) pero ―me atrevo― esa información funciona casi como un disparador para detenerse, como si fueran estaciones de paso, en esos trabajos que iluminaron la tristeza de su época. En este sentido ―y aunque su autor no se anime a tanto― Jardiel siempre ha funcionado como la consciencia risueña de una España color ala de mosca, que avanzó hacia el futuro arrastrando algunas de las características más conservadores de una sociedad cerrada a los cambios. Jardiel, repito, fue la luz de esa sociedad, la contracara, el blanco sobre el gris, un hombre que, hasta el último momento de su vida, fue golpeado por la vida y ni siquiera entonces perdió su lucidez.
Puedo ―y tal vez deba― decir muchas cosas de Jardiel. La risa inteligente y sin embargo, simplemente festejo, casi como una declaración de principios, que el autor haya rescatado el espíritu íntegro de su abuelo, que Jardiel. La risa inteligente sea una itinerante prolongación de historias, anécdotas, citas y análisis literarios ―brillantes― que logran rememorar el talento y la humanidad del Gran Jardiel de tal manera que el lector se siente levitar, involuntariamente, con una sonrisa en los labios.
Por supuesto que hay más, mucho más. El libro también retoma otros aspectos menos difundidos, como sus muchas y variadas aportaciones al cine, el drama, la novela, etc.
Por último, se me ocurre que la presentación de este libro, lejos de ser una charla entre el escritor y sus lectores, debería ser una fiesta entre amigos, con tarta, alcohol y en el centro de la escena, se celebre, no solo la inmensa figura de Jardiel Poncela, sino la de su nieto y la del editor de Jardiel. La risa inteligente que, pese al humo de tanta mediocridad literaria, se siguen empeñando en hacer de este país un lugar hermoso.

domingo, 4 de enero de 2015

Bloqueo creativo

Así estamos.

Hoy porque no tengo ganas.

Ayer porque tenía que atender asuntos. Y por las responsabilidades. Y luego por las distracciones. Y también por los compromisos.

En realidad no sé por qué viene, ni de dónde ni desde cuando. Intento recordar pero no puedo, no sale. No sé si es que mi cerebro ha borrado esa parte, o que fueron tantas cosas a la vez que no puedo separarlas unas de otras ni acceder a ellas. Sólo estoy segura de que no ocurrió nada demasiado horrible para provocarlo.

Nada.
No siento absolutamente nada; no tengo una señal de alarma que me diga: ¡eso es! y así poder averiguar la razón de todo esto. Si no se arranca una mala hierba de raíz...

A veces, puedo entrever la ilusión de antaño, ¿o es acaso una ilusión que me hace creer que podré volver a escribir? Quizá me esté engañando y ya no haya remedio.

Es como un cristal opaco; sabes que hay cosas detrás, pero no qué ni como están. Y no sé qué pensar, ni qué hacer.

¿Alguien lo sabe? ¿Alguien sabe como vencer esta oscuridad?
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