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lunes, 22 de febrero de 2010

Cambios

De momento, he dejado Whiralais. No significa un para siempre, ni muchísmo menos, pero es que ahora me he ilusionado con otra historia que ha logrado devolverme la ilusión por escribir, cosa que había perdido. No sé lo que me pasó, pero escribir se había convertido en una obligación más que en un placer, y desde hacía tiempo se me habían quitado las ganas. Yo creo que ha sido porque me he enganchado a algunos juegos, pero creo que también ha sido porque estaba prsionandome demasiado con la historia, con construir personajes, con que estuviera lo mejor posible. Publicar era una obsesión más que una ilusión, y aquello no era camino. Un día me rendí. Más o menos, no escribía si no tenía ganas. Con todo y con eso, las ideas nuevas para Whiralais me gustaban mucho, hay una en especial que me pareció como la luz esperada, lo que significa Whiralais. Le daba otra dimensió a todo, una dimensión que me ilusionaba mucho. Pero un día, algo después de esa idea y de haberme rendido (no del todo), recordé a Niarok.

Niarok es un príncipe que lo que quiere es ser caballero, vivir aventuras gloriosas como en los libros de caballería y luchar por la justicia y los desfavorecidos. Pero una cosa es lo que uno quiera y otra lo que a uno le salga. Se mete en muchos líos, con su buena intención, pero lios al fin y al cabo. Los reyes están desesperados, porque nada de lo que hacen sirve para que ceje en su empeño de luchar por el bien. Al principio me reía mucho, y después, recordé otras ideas, que nada tenían que ver con la historia, y que juntas me parecían mejores que por separado.

No voy a decir nada más, no quiero que mis ideas anden por aquí, que nunca se sabe quién está leyendo, pero cuando pienso en esta historia, en la esencia de ella, me invade una ilusión como nunca antes. Nadie en mi círculo, ni siquiera yo, pensaba que alguna historia fuera a superar a Whiralais. Y en cierto modo no es así, pero sí es cierto que esta ilusión no la sentía desde hacía mucho tiempo. Ha sido como volver a enamorarme, como una transfusión de sangre cuando en mis venas casi no quedaba. Whiralais ha sido, no como el primer amor, pero sí la chispa que encendió el fuego, y Niarok lo ha vuelto a reavivar.

Ahora, sigo queriendo publicar, pero ya no es la prisa de antes. Ahora, me muero de ganas por terminarla, pero más que nada para que los míos la disfruten tanto como la estoy disfrutando yo. Estoy usando elementos que no se suelen usar mucho en fantasía épica, aunque algo de ello hay. Esa es la sorpresa, lo que creo que sorprenderá, aunque quizá no. Realmente no me importa, si me dicen que no les sorprende (amigos y editorial), me da igual. El caso es, que por fin he vuelto a sentir como antes, a querer escribir como antes. La historia tiene ya 93 páginas, cuando lo nuevo de Whiralais se había quedado en 46 y no avanzaba. Antes, eran muchos, los días sin ideas y sin ganas, ahora, es raro el día que no se me ocurra nada. Y raro es el día que no sienta su magia llenando mi alma.

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